El Príncipe de las alturas cumple 25 años de recordista mundial

¿Cómo has vivido la amenaza a los dos metros y 45 centímetros?

“No la he vivido, más bien la he revivido, pues desde hace mucho nadie lo intentaba. Siempre estuvieron amenazados, sobre todo cuando yo saltaba, porque entonces había muchos que lo podían lograr y de hecho lo intentaron varias veces”.

¿Quiénes?

“Mis rivales. Cada vez que uno de ellos se montaba en 2,40, pedían el 2,46. Insisto, eran saltadores de excelencia, te estoy hablando del sueco Patrick Sjoberg, del norteamericano Charles Austin, del rumano Sorin Matey, del alemán Carlo Thranhardt, a quien le presté unas zapatillas mías, saltó 2,42 bajo techo y dijo, ya que las tengo puestas póngame el 2,46 e hizo sus tres intentos. Era un saltador muy combativo”.

Es el Príncipe de las Alturas, el cubano Javier Sotomayor, quien responde las preguntas. El recordista mundial de altura, el ser humano que más alto ha llegado con el impulso de sus pies, el hombre que más veces ha vencido los dos metros y 40 centímetros, conversa con Granma luego de que el ucraniano Bohdan Bondarenko, por tercera vez, ahora en el Campeonato Mundial de atletismo que finalizó ayer en Moscú, haya intentado pasar por arriba de su reinado.

¿De esas tres oportunidades, en cuáles estuvo más cerca?

“Ahora, en la lid del planeta en la capital rusa, en su segundo intento. Despegó fuerte y logró, aunque falló, llegar más alto que nunca”.

¿Es Bondarenko, no otro, el que pudiera destronar la mítica altura de 2,45, igual a 8 pies o a una portería de fútbol?

“El catarí Mutaz Essa Barshim estuvo muy bien, pero sí, Bondarenko es hoy el mejor saltador del mundo y el que pudiera sobrepasar esa cota”.

¿Pensaste que el récord duraría 20 años?

“No, porque ya te dije que mis adversarios eran muy fuertes y lo intentaron muchas veces. Además, desde el primer día estuve convencido de que alguien lo romperá en algún momento. También estuve convencido, desde los 16 años, cuando salté 2,33, récord mundial de cadetes, que yo rompería el récord mundial de la especialidad. Primero pasé por esa marca en 1984 y luego por 2,36, tope mundial juvenil, antes de llegar al absoluto”.

Cuando Bondarenko u otro consigan pasarle por encima: ¿Cómo recordarás los dos metros y 45 centímetros?

“Ese día con toda seguridad no me voy a sentir bien, no lo voy a disfrutar, esa es la verdad. Pero pasarán los días y volveré a aceptar que los récords están para batirse. Los recordaré siempre con mucho orgullo, porque aquel día nadie me lo va a quitar, como tampoco cuando hice el 2,43 (8 de septiembre de 1988), que fue mi primer récord mundial, o el 2,44 (29 de julio de 1989), cuando lo rompí. Esos números y el 2,45 (27 de julio de 1993) se quedarán conmigo para siempre. Llevo 25 años de recordista mundial, desde 1988, y 20 con la actual supremacía. Ahora es que uno se da cuenta de lo que hizo, cuán grande fue. Y esos son motivos para recordarlos siempre con mucha alegría”.

Las marcas mencionadas por quien lo obtuvo todo, título olímpico, mundial, panamericano, centroamericano y del Caribe, Premio Príncipe de Asturias por demás, solo han sido logradas por él. No solo no se ha llegado a los 2,45, tampoco a las otras.

Bondarenko renunció a 2,38, ¿fue muy osado, tú lo habías hecho alguna vez?

“Sí, renuncié a 2,39 en un mundial bajo techo, porque Patrick Sjoberg había vencido esa altura y no me quedaba otra que ir a los 2,41, y lo salté. Cuando hice el 2,45, fui de 2,38, hacia ella”.

¿Intentaste saltar 2,46?

“Varias veces, el mundial de Sturgartt en 1993, fue la primera vez y luego en 1994 fue cuando más lo hice, creo que fueron como nueve intentos. Cada vez que saltaba 2,40 lo intentaba. Tal vez en Mar del Plata fue la última vez, durante los Panamericanos de 1995. No demoré mucho en batir el 2,43, pero del 2,44 hasta el 2,45 sí pasó un buen tiempo”.

¿Se siente impotencia al no poder defender esa altura? ¿Te dan ganas de saltar cuando ves el reto?

“Ya tengo 45 años, veo y analizo cada situación con más madurez. Al principio sí, no me cabía en la cabeza no poder pasar una varilla, pero ya no”.

En 27 ocasiones se ha pasado el listón a 2,40 o más, y 18 de esas veces tienen la firma de Javier Sotomayor, al aire libre. Bajo techo en 11 oportunidades esa barrera ha sido quebrada y Soto es el que más lo ha hecho con cuatro, además de poseer la supremacía también en sala con 2,43. Es decir, tanto en pista cubierta como descubierta, son 38 los vuelos sobre 2,40 y 22 con Sotomayor como piloto de su nave humana.

¿Cómo viste al atletismo cubano? ¿Cuándo podremos tener a otro Sotomayor?

“Yo no lo vi mal. Sí creo que podíamos tener más finalistas, las competencias fueron muy fuertes. Por ejemplo, en salto se obtuvo bronce con 2,38, con eso ni se ganaba hace 10 años. Pichardo estuvo inmenso, también Silva en la pértiga y Barrios en el disco, igual Cisneros en los 400 metros con vallas. Y del salto, yo creo que sí vamos a tener un Sotomayor, pero no sé cuándo, ahora los que tenemos creo que podrán alcanzar 2,35, pero no más, pero sí, habrá otro Sotomayor”.

El matancero de Limonar, quien en cualquier conversación sobre salto no deja de mencionar a Godoy, el entrenador que lo llevó a la cumbre, sigue siendo el mismo hombre modesto de entonces cuando volaba sobre la varilla implantando récords como el 2,43 y el 2,45, ambos conseguidos en el mismo estadio, en Salamanca, que hoy lleva su nombre para perpetuar aquellos días.

Granma

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